13 de febrero de 2012

Historia,relatos y anécdotas


La piedra del Mapa.

Los túneles de Maracaibo (verdad o ficción)

Llamar a María

La historia de Leontine

La barbería de Benito









                                       La piedra del Mapa

 “Si mueven la piedra del mapa se inunda Colón”, esto “no es mentira porque ya sucedió, hace muchos años movieron la piedra y comenzó a caer los aguaceros más terribles sobre Colón”, esto como consecuencia de haber enterrado la piedra del mapa. “Entonces apareció un viejo de pelo largo y descalzo que comenzó a gritar por todas partes que no dejaría de llover hasta que desenterraran la piedra y así mismo fue”.
Este mito sobre La piedra del mapa está  basado en un hecho histórico reseñado y recordado por la población de San Juan de Colón (Calderón, 1962):
La codicia de los hombres de todos los tiempos ha hecho imaginar que tras las piedras talladas por los indígenas se encuentran grandes y fabulosos tesoros. El 5 de febrero de 1920 la piedra del mapa fue movida del puesto que ocupaba y enterrada unos metros más allá. Fueron muchos los esfuerzos realizados por los habitantes del pueblo, pero la autorización para este crimen ya estaba refrendada por el presidente del Táchira Eustoquio Gómez (1868-1935) y por el jefe civil del Distrito Ayacucho Robinson Morantes. Con la ayuda del jefe militar Domingo Romero, procedieron con unos soldados acantonados a realizar este hecho. A pesar de indicar que esto se hacía para abrir una calle, todos sabían que buscaban un tesoro que nunca encontraron. Llenos de rabia quisieron romper la piedra. Retando el miedo que produce las autoridades de la oscura dictadura, los vecinos organizan una junta de salvamento el 10 de febrero. Hacen diligencias, Ceferino Chacón, Juan Guglielmi, el Pbro. Juan de la Rosa Zambrano, Carlos Pagnini, Ernesto Croce, entre otros, encabezan dicha junta.
Eustoquio es llamado a Falcón y queda encargado de la presidencia del Estado el dr. Pedro León Arellano, quien ordena dejar quieto el monumento, nombra como jefe civil al Coronel Enrique Garabán quien cumple la orden. Se recoge dinero para desenterrar la piedra con los aparatos del gran ferrocarril del Táchira bajo la dirección del Ing. Alberto Roncajolo (+1940). El 26 de marzo la piedra se desenterró y dicen que ese día dejó de caer la lluvia que desde febrero azotaba el poblado.

                                              Los túneles de Maracaibo


Esta historia se centra en una leyenda de la ciudad, que debido al hermetismo de la Iglesia y a la poca tecnología que poseen nuestros arquitectos y antropólogos, no se ha podido constatar su veracidad.
Pero los cronistas de Maracaibo han sabido mantenerlas durante generaciones.  Esta historia comienza con la construcción del Convento de San Francisco, en el año de 1730,  arraigado al final de la plaza Baralt.

El convento poseía un túnel subterráneo, se iniciaba en la base del muro que sustentaba el segundo cuerpo de la escalera del convento, exactamente a la altura del primer descanso; y según versión de los obreros en trabajaron durante los años 1943-44 se clausuró con una placa de concreto por orden del entonces presidente del Zulia,  Don Benito Roncajolo.

Los Capuccinos jamás revelaron la extensión y finalidad del túnel o túneles, ya que se creen que existe más de uno.  Asimismo, existe la teoría que su extensión cubre toda la vieja ciudad y que fueron utilizados para la lucha de la independencia y en contra de la dictadura del General Gómez.

La entrada al pasadizo se iniciaba con una escalinata de mampostería, su dirección era sur franco y la altura no era mayor a la de un hombre de regular tamaño

Luego ese túnel fue demolido y se perdió el rastro, ya que nadie se atrevía a ir más allá de la entrada.

Otro pasaje, según el cronista Fernando Guerrero Matheus, se encontraba en la demolida “Casa Fuerte” que anteriormente fue el Convento y Claustro de las Hermanas Clarisas, ubicada en la calle 95 con la ave.5, actualmente se encuentra allí el Banco Venezuela, detrás del Consejo Municipal.

Algunas personalidades entre ellas el difunto, Cesar León, notable espiritista, contó que el túnel del Convento y de la Casa Fuerte era el mismo

También se cuenta que Andrés Fuenmayor, conserje por años de la casa sindical de Maracaibo, fue con varios obreros dentro del pasadizo de la “Casa Fuerte” para explorar el túnel.

Su entrada era semejante a la del Convento y se orientaba aparentemente, del Sur al Norte.  Este señor recorrió no más de 10 metros, sin poder continuar debido a que las antorchas se apagaban constantemente, el fango se hacía cada vez más profundo y el mal olor era insoportable. Existe la suposición de que otras entradas se encuentran en la catedral y en el edificio donde ahora reposa IPOSTEL y que este se conecta con el edificio de la Guardia Nacional y es por ello de la conexión de los edificios , pero no existe nada que constate estas teorías.


Publicado originalmente en www.elmaracucho.com, 2004


                                                               Llamar a María

Se cuenta que hacia 1939 un jefe de estación del Gran Ferrocarril del Táchira al ser interrogado por un inspector sobre qué haría ante un eventual choque frontal de dos trenes, éste declaró que haría  todo lo posible por evitarlo: cambiar la dirección de las vías, hacer señales con las banderas, o con faroles rojos y si todo  esto fallaba "llamar a María".

El inspector inquirió: ¿pero qué María es esa? "Pues mi esposa, para que vea un tremendo choque entre dos trenes".

                                       La historia de Leontine


En  casa de mi suegro, Alberto Roncajolo Guerrero, siempre se hablaba de Leontine; una excepcional mujer que salió de Francia  con su marido Jean Baptiste  y su hija Pauline  Hélene rumbo a Venezuela, dejando atrás  una vida de lujos y comodidades para acompañar a su esposo y a su familia política en la realización de un proyecto que cambiaría la historia del país.
Conocí a Leontine en el año 1979 pocos meses después de  que me fuera entregado en el Laboratorio Pifano en las Mercedes una prueba de embarazo que indicaba que efectivamente estaba esperando a mi primer hijo.
Estábamos en casa de mi suegro fantaseando sobre los posibles nombres del futuro bebé cuando mi esposo dijo: Si es niña se llamará Leontine. Suena bonito ¿no? preguntó  repitiendo el nombre  acompañado de nuestros apellidos. ¿Qué les parece?  Yo le dije que sonaba muy lindo sí, pero en Paris. En Venezuela la llamarían Leontina, que en el idioma castellano significa: Cinta o cadena colgante del reloj de bolsillo. La niña  tendría que soportar las mil y una burlas en el colegio y a lo largo de toda su vida. Yo misma había sido una víctima  de ello;  apellidada  Lemoine, en el colegio me llamaron de todo: Lemoin, limón, limonada, y cuando explicaba que se escribe Lemoine pero se pronuncia Lemuá, era peor la chapa:
Lenguá, deslenguá, y cuando me convertí en señorita los chicos me lanzaban besos diciendo: Le muaaaaa.
Si hubiese sabido que al casarme la burlita sería doble, lo habría considerado. A la eterna explicación de mi apellido de soltera tuve que agregar la del apellido de casada, el cual se escribe Roncajolo y se pronuncia  Roncayolo.  Pero con explicación y todo no me salvé de que me llamaran Roncasolo, Roncapollo, Roncarrolo, Roncarollo y encima  tuve que soportar los chistecitos relacionados con el verbo "roncar"'.  Dejé de usar el apellido de casada, al menos por teléfono,   una vez que llamé a la Compañía se servicio de Internet para preguntar por qué mi conexión iba tan lenta y el operador  me preguntó  de donde era ese apellido tan raro que parecía sacado de "Los Picapiedras".
En fin, mientras discutíamos los pro y los contra del nombre en cuestión, mi suegro fue a la biblioteca  a buscar el libro "Recuerdos" de Leontine Roncajolo. Me lo entregó diciéndome: Te presento a Leontine ! Cuídala! es una joya de familia.  Al  leerlo quedé convencida  de que si tenía una niña, sin duda  la llamaría Leontine.  Lo cierto es que a raíz de haber leído el libro de Leontine me interesé por conocer más sobre la historia de los Roncajolo en Venezuela con la intención de transmitírsela a mis hijos en un futuro.

Recientemente tuve que pedirle  el libro de Leontine a mi cuñado Alejandro, quien es su custodio ahora. Lo he transcrito para compartirlo con los demás miembros de la familia  y con quienes se interesen en leer este maravilloso relato que nos legara, a todos los venezolanos, esa dama francesa llamada Leontine Pérignon de Roncajolo. Que sea ella  misma quien les cuente su historia...  Leer el libro

                                     La barbería de Benito


La antigua y aun en pleno funcionamiento, “Barbería Fígaro”, se encuentra ubicada en la avenida 8, Santa Rita, su fundador fue el italiano Antonio Lepore quien llegó a Venezuela, luego de vivir un tiempo en Brasil,  con la idea de impartir clases de idiomas en La Universidad del Zulia.

En ese entonces en el país había un boom petrolero, y la universidad -LUZ- no generaba buenos dividendos, por lo que mi papá decidió abrir la barbería ya que él había aprendido eso de su padre, cuenta Pietro Lepore de 50 años, hijo del fundador.

Señaló que el nombre de la barbería, surge debido a que en la época a todo peluquero se le llamaba “Fígaro”, título que se fundamenta en la ópera del famoso “barbero de Sevilla”.

No obstante, confiesa que en una oportunidad, tuvo la idea de cambiar la barbería e incluso el mobiliario de la misma, la cual se conserva original desde su inicio,  “luego me di cuenta que nuestra clientela es señorial y viene para acá a reunirse, conversar y por eso decidí dejarla intacta”.

Giuseppe “Pepe Fígaro”, quien tiene 68 años, expresa que desde el año 1962 está trabajando en la barbería, la cual asegura está llena de grandes anécdotas.

Cuenta que Benito Roncajolo, quien fuera presidente del Estado Zulia en el año 1943, “venía a cortarse el pelo, se quedaba dormido, y lo teníamos que despertar cuando terminábamos el trabajo”.

Fuente: Notizulia

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